jueves, 22 de diciembre de 2016

Lluvia




Como esferas que caen;
albergando en su seno medidas que estremecen con belleza y dolor,
Como fina lluvia que se desliza desde el arco celeste,
descolgándose, casi ingrávida…
Como marcha de la vida hacia la vida
Escucha, es el viento la guía.

Dejando atrás ese cielo gris perla, blanco purísimo, negro azabache,
sin medida ni matiz,
no voltean las esferas su mirada;
descienden, escurriéndose desde su entraña.
El arco iris las contempla;
potente, florecido y bello
las unge en aromas y matices
según se descuelgan por su paleta de tonos colorida.

De amanecida finas gotas de lluvia;
perfectas, ligeras, danzarinas en el aire candente.
A medio día su figura prospera
y la fina gota se trastea como esfera bien pulida de líquido cristal.
En su interior una sala vacía, una cámara, un vientre,
una hendidura que la atención reclama,
un pliegue que separando acoge.
Su exterior,
un límite, una túnica líquida que se expande y se contrae, una linde,
un pleroma por brindarse.
De la atención retoñaran tupidas rosas rojas con espinas.

Caen las esferas sobre la tierra
y hay quien responde a ese reclamo.
La tierra fecundada y húmeda desgranará
sobre tu frente de hombre formas y matices...

A los hombres les atrapa y agarra esa llovizna de silencio.
Todo lo empapa el aguacero.
Hasta los labios deseosos
se le escurren al hombre las esferas;
se descuelgan desde el árbol de la vida
embozando y enredando en su potencia;
brindan su trama, su mosaico, su geometría densa, su donación de dolor,
su alma viva atravesada de belleza, su sentido, su vida derramada, su acto y su potencia.
En cada esfera hay un mundo;
basta con entrar en ella.
Mira el pleroma;
atiende, olvida.

Bajo el árbol encharcado los hombres hambrientos se arremolinan desnudos
Las aguas celestes empapan sus sienes.
Sus ojos se inflaman  y el alma,
perturbada y sacudida,
se abisma sin certezas en un vientre de tierra.

La gota se derrama por el cuerpo…
En el seno de la esfera, a su interior acogido, el hombre mira y alumbra un tapiz de rosas.
Rompen los hombres a vivir en ese vientre
y siendo tierra olvidan.
Nada más ven sino su trama y su mosaico.
Nada encuentran sino la escala de la esfera.
Nada desean sino esas rosas bellas y punzantes.
Es el juego de Dionisos.

Se insinúa el ocaso.
Escucha el tambor del rey.

Es ya el tiempo del retorno.

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