viernes, 17 de junio de 2016

Azimut



Es el día del gran mediodía
en el que las sombras encuentran su silencio.
En  ese día todo alcanza la forma definida.
La vid, vid y la higuera, higuera
y sus contornos se deslizan, rotundos, hacia nuestra ojos.
Nos acarician con júbilo.
Sus sentires nos recorren, ávidamente, la piel;
como una brisa que enervara el cuerpo entero
y la vida, de vida queda inundada.
Y la piedra, al fin desnuda, nos brinda su líquida danza.
La piedra encendida,
cálida y radiante nos mece.
Todo, se preña de luz;
se concibe en su compás y su armonía.
La piedra líquida es la tierra de la luz,
matriz de formas.

En la estancia del gran mediodía el  sol se alza a su lugar.
El espacio rebosa de sí y la luz todo lo colma.
Las formas y figuras, encendidas
danzan
y un envés se insinúa en el incendio de los cuerpos;
haz oculto derramándose a borbotones,
luz intensa que ciega alcanzándonos el cuerpo como dardo feroz,
abrasando nuestro mirar.
Y los sentires, al silencio, se abren como un tejido.
Todo más allá, aquí y ahora
Nada más allá del aquí y del ahora.
Alma inflamada, vaciada de sí, consumida en luz,
deseante, desechas querencias y deseos…
Nada te alcanza salvo ese silencio milenario.

En tu oscuro regazo, oh sol, solo luz directa
y la única sombra la de esa luz cegadora;
y la mirada viva desgranando una tierra nueva.
Vida conjurando vida encontrándose en su brote.
Atrás quedaron, peregrino, las sombras de la caverna.
Déjate atravesar por el vuelo de la cigüeña,
por el trepidante rio que te arrulla,
por los musgos que se ofrecen a tus tiernos pies.
Al atardecer seguirá el sol en lo alto
y también en la noche cerrada,
y sentirás el viento derramándose en tu pecho,
y sobrio y seguro de ti,
sabrás del misterio de la ebriedad desatada en la noche iluminada.

Es el día del gran mediodía en el que los sentires se abren contemplando,
arraigando en un silencioso espejo
y en ese espejo irrumpe una sola mirada,
una mirada sin dueño[1].
Todo no es más que eso,
todo es eso.
El día del gran mediodía.
La vida del sol que contempla su eco
Nada más. Solo El.

“Corto leña, acarreo agua”.
Los haceres que dicta el día se nos ofrecen en el altar de la piedra que palpita;
ritmo, verbo componiendo formas, dictado de lo real;
gratuitamente te brindas y nos instalas en tu templo.
Acoge caminante el ser que nos alcanza.
Queda abierto a su toque.
Deja atrás los vendavales del alma;
retóricas, cálculos, querencias, pasiones, relatos inenarrables, palabras de quimera.
Enmudece. y vacío,
siente el ritmo derramándose en el cuerpo despierto
al compás de un misterioso dictado.
Acoge,
día a día,
instante a instante…
“Corto leña, acarreo agua”,
Memoria de vida,
fórmula de la felicidad que se insinúa,
enigma iluminado.

El día del gran mediodía en el que las sombras se achican...
Sombras que revelan su sentido y su savia
en esa vida desatada…
Y el árbol del cosmos se mostrará completo
y todas las savias recorrerán sus leños
y todo el ser se mostrara bello
y tendrá armonía,
y mostrará verdad,
y la belleza será potencia de vida que estremece.
Y el silencio será su divisa.
La del misterio que nadie alcanza.
La de la mente abierta y hendida en su silencio,
echando raíces de olivo milenario,
en la retícula de sentires que saben y conocen.
Y no serás sino tierra, tierra preñada y renacida.
Piedra líquida, piedra palpitante, corazón.




[1] Cfr. Claudio Rodríguez (en homenaje)

miércoles, 9 de marzo de 2016

Hesiodo, noche oscura




Dar palabra a la noche.
Dar palabra al caos,
para saber lo que nombra

Qué nombre
Que letra
Que nada
Que número
Qué cita ineludible
Qué tránsito honroso

Noche, caos.
Aguas oscuras desbordándose.
Áspero emerger de silencio.
Palabra detenida

El dolor se nos brinda en un cristal congelado.
Esbozando una danza espectral que persiste en su incierto compás.
Estas en una estancia oscura y sin fondo.
Suspendido en la oscuridad de las aguas.

Todo cae, todo se licua.
Ahí la vida se aquilata
y los vivos pierden pie

Alguien dijo Eros
Hace siglos y por siempre jamás

Fórmula de la vida

jueves, 17 de diciembre de 2015

Carta número XII





El inmóvil,
el que no se mueve,
el de la ficha detenida,
el que teniendo que decir calla,
el que dice pero no hace,
la voz entrecortada,
el amanecer polar que al regazo vuelve.
Otoño en Primavera,
cristal congelado,
sacrificio auroral,
el de la casilla sin límites,
el magma que no alumbra cristal,
gélido océano de fuego gélido,
agua embalsada en la noche cerrada,
figura de cera derretida tendida en el cálido lecho marino...
Ser dicho,
dejar de ser.
Oficio de tinieblas,
drama de penumbras,
perro herido,
marioneta…
 
El quicio es el perro.
Un perro herido, tendido e inmóvil, en la autovía;
los autos pasan a su lado y sus ojos desgranan un brillo especial,
la sangre de sus fauces no le arrebata ese brillo
y el can, tras el atropello, solo espera el fin de la historia…
 
En el coche de la infancia
todos prestan atención al accidente.
Alguien le pide al niño que no mire.
 
Un despertar áspero sobre la tarima de madera
yaciendo como muerto tras el golpe
El hilo vivo de la conciencia…
El cuerpo indefenso, vulnerable;
ni siquiera acierta a la defensa.
Ahí queda inmóvil
y la conciencia viva le ve
 
Inmóvil y colgado,
balanceándose…
colgado de la rama de la encina
en mitad del bosque,
entre aromas a tierra mojada,
sintiendo una fresca brisa.

La palabra nos dice.
La carta es la palabra de fuego
que introduce en el incierto atanor,
en el vientre de la tierra,
a oscuras.
Dichos somos, personajes de un drama de misterio.
 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Saudade



Dicen los clásicos que el hombre brega en un caos hondo y pretérito,
como Ulises en las aguas negras.
Es una brega de orden que arropa y abraza los trabajos y los días,
y los mortales desfallecen y nunca alcanzan ese dios esquivo;
y en un ocaso feliz se quedan en la aduana
divisando esa tierra prometida.
Mientras una colosal y trágica belleza les va envolviendo el alma
y los mundos se suceden y el alma se tensa y se suaviza
se expande y se contrae.
Crean los humanos sentido dicen algunos;
o eso pretenden.
Burbujeantes las figuras emergen de su memoria...
pero su memoria no es suya
Su memoria es como esa piedra madre que todo lo alberga
y la imaginación un cincel.
Su divisa ya era antes de que ellos fueran.

lunes, 17 de agosto de 2015

Señalado

Cuentan los cuentos que en un incierto lugar hay una habitación cerrada a cal y canto. Allí  habitan unos enormes genios en un gran desierto anaranjado. Si atraviesas la puerta de esa estancia, desde un incierto horizonte, alargaran sus manos y te señalaran con sus dedos extendidos. Los verás sentados sobre unas grandes montañas; como si fueran los colosales guardianes de una cordillera seca, fría y polvorienta. Al señalarte te dicen sin nombrarte, te componen según su propia figura, te otorgan forma, te transforman en su propia señal. Mientras, en las aguas de tu cuerpo, se desatará un bullente hervor y entre tus calores derramados sentirás a tu propia piel transpirando abundante vapor. Si así te ves y te quedas inmóvil te quedaras seco, empequeñecido y tiritando; como niño abandonado en Invierno. El calor y el agua habrán salido de tu cuerpo y más que un hombre serás un cristal gélido de mineral; piedra endurecida, tierra seca y fría. Habrás sido dicho y señalado. Señalizado te transformaras en autómata y señal. Como esas estatuas de sal, de humana apariencia, a las que se hurtó su propio nombre. Espectros fríos; se arrastran hasta encontrar su propia tumba…
 
En esa caverna no cabe marcha atrás. Nada detendrá el hechizo desatado de los genios. Sentirás el peso de su señal sobre ti, sentirás su figura hurtándote la tuya propia... Si te atreves a mirarlos fijamente te revelaran sus nombres… Al llegar a esa aduana déjalos atrás. Deja atrás su tenue vivir en ese desierto anaranjado de horizontes vacíos y calores robados. No son más que parte de un escenario. Ponte a andar y mueve tu cuerpo. Basta con dar un paso, con decir si y alzar la frente. Su conjuro se convertirá en humo. Al moverte sentirás tus carnes como convertidas en madera y tu sangre casi detenida. No te preocupes. La piedra se licua y la madera florece en los cuerpos cálidos y alegres. Recuerda;  ya en otros parajes y en trance de muerte tu corazón danzó sobre la fría piedra y su gélida memoria mineral.

jueves, 6 de agosto de 2015

Touché



Fue como un soplo discreto
dejando su surco en la memoria.
Un eco que resuena y remueve,
un estirar los brazos entreabriendo las manos.
Tocarlo con la punta de los dedos...
Los ojos sintiendo;
la piel respirando;
la sencillez radiante irrumpiendo...
Lo mismo que siempre estuvo ahí;
presente y olvidado,
tremendo,
discreto.
El árbol y sus hojas mecidas por ese viento vibrante.
El cuerpo tendido sobre el banco de madera.
La mera presencia que desborda.
La verdad de lo que siempre se supo,
de lo que siempre es,
la verdad de lo que toca y alcanza.
 
Ciegos estamos a la vida.
Basta con un simple golpe de viento;
tan simple, tan bello.

jueves, 16 de julio de 2015

Fuego y medida

 


Yo soy el contador de las espadas de fuego.
Las cuento y numero sin descanso.
Míralas bien allá arriba,
culebreando por encima de tus sienes
y derramándose hasta tus labios jadeantes .
Yo soy el que mide su medida;
el que administra tu fuego.
Espadas, lenguas ardientes, parteras de vida
llameantes, danzarinas, afiladas,
Fíjate bien,
hay quien te las hurta
y yo otorgo rubrica y medida a ese hurto.
 
Despojado, tras la rapiña,
solo verás un yermo grisáceo y nocturno.
Nada, ni su sombra, quedará del ladrón.
No vaciles, no tiembles, no te olvides de tu temblor.
Atiende a tus piernas sanguíneas y adéntrate en el páramo gélido.
Entre aguas frías y bajo la luna
encontraras geometrías desfalleciendo
y espadas grabadas en la roca;
formas y figuras
todavía palpitantes,
todavía enamoradas.
Haz memoria.
El corazón es matriz de figuras de vida
y su sangre de la misma hebra que el fuego de mis espadas.
Y el corazón vivo, su cuna.